Usted está en : Portada : Crónica Domingo 25 de diciembre de 2005

"A Bachelet le gustaba idea pero tuvo problemas"

Marcela Escobar Q.

Alcalde Jorge Soria : "el día después de la elección me llamó Piñera".

Contraloría Regional

­¿Cómo responde a los cuestionamientos de la Contraloría?

-Ni siquiera hablo con la Contraloría, le tengo rayada mi vida. ¿Por qué? Porque la Contraloría está para buscar desfalcos, malos procedimientos. Qué me tiene que investigar un viaje. Yo no pido viáticos especiales. Yo viajo con la plata que le corresponde al chofer. Si el chofer gana 600 lucas y yo gano un millón 200, a mí me van a dar el doble que al chofer. Si tengo que dormir en el suelo, lo hago. Y el día de la reunión con el ministro, en último caso, me voy a tomar té al hotel número uno de la ciudad y lo espero allá. Tengo que hacer todas esas pantomimas.

 

­Entonces usted gasta en sus viajes lo mismo que cualquier alcalde.

­No. A los alcaldes de Chile se les da un viático que se llama "a rendir". Yo no saco viático. Saqué una vez y perdí todas las boletas. Nunca más. A mí me dan esto y yo no tengo que rendir, me la gasto esa plata. ¡Qué tiene que decir la Contraloría si viajo o no viajo! El único que puede decir algo es el concejo, si yo no puedo viajar solo. Aquí hay un concejo político, elegido y, si ellos lo consideran, me pueden mandar adonde quieran y pasar los meses que quieran afuera. Yo no he aceptado nunca hablar con la Contraloría, como principio. Vengan a revisarme lo que quieran.

 

­¿Y han venido a revisar?

­Yo vivo con la Contraloría los 365 días del año, desde mi primer período. Diez contralores han pedido mi destitución, revisaron y de todo se me acusó.

El alcalde Jorge Soria es de esos hombres que no conciben como respuesta un "no se puede, jefe". Tiene 64 años y es respetado y temido por sus subalternos, quienes se preocupan de mantener siempre contacto con él, ya sea a través del celular o bien siguiéndolo en algún automóvil. Soria habla y se ríe fuerte. Sabe que aquello que no aparece en los medios, no existe. Por eso, cuenta con un canal y una radio municipales. Cada 21 de mayo, el día más importante de Iquique, las imágenes de RTC muestran a Soria, y nada del intendente, de los diputados o los senadores que participan en el desfile que se hace frente al monumento a Arturo Prat.

Desde el retorno de la democracia, Soria lleva trece años ininterrumpidos como alcalde. Antes de eso, sumó otros nueve, hasta el golpe de 1973. Socialista y luego PPD, se peleó con la Concertación cuando bajaron su candidatura senatorial, votó por Lagos, después se peleó con él y ahora, descolgado de los partidos oficialistas, es el caudillo de su propia colectividad política: el Partido de Acción Regionalista (PAR), miembro del movimiento Fuerza Regional Independiente (FRI). El PAR acaba de elegir su primera diputada, Marta Isasi, una mujer escogida por Soria y por cuya campaña el alcalde pidió vacaciones.

Aunque esa elección ha terminado y Soria siente como propio el triunfo de su candidata, la segunda vuelta lo tuvo en estos días cual niña bonita con la que Bachelet y Piñera querían bailar. Con ambos se reunió un par de veces en la campaña de la primera vuelta y no se comprometió con ninguno. Esta semana, sin embargo, entregó su apoyo al candidato de la Alianza. La apuesta no será gratis. Soria quiere que los alcaldes integren el Consejo Regional y que mejore la conexión entre la Primera Región y Bolivia. Sebastián Piñera se habría comprometido a ello en un eventual gobierno.

 

YO SOY EL ELEGIDO

 

Soria da esta entrevista en su casa, engalanada para Navidad. A la derecha, al final de un pasillo, una imagen recuerda otros tiempos: Soria aparece en una gigantografía junto a su mujer, María Inés Macchiavello, y sus dos hijos, Jorge y Mauricio. La imagen, en blanco y negro, debe ser de la década del sesenta. María Inés viste minifalda y luce una larga cabellera morena.

Llevaba poco tiempo casado con esta descendiente de italianos cuando decidió entrar a la política. Su padre era socialista y amigo de Allende. Su madre, peruana, era hija de los dueños de una salitrera y tenía un buen pasar económico. Sin más estudios que la enseñanza media, Soria entró al PS a los 14 años, debutó en la alcaldía de Iquique en 1964, con apenas 23, y en esa administración se peleó por primera vez con un Presidente de Chile, enfrentándose a Eduardo Frei Montalva para conseguir el apoyo a la naciente Zona Franca. En 1973, Pinochet lo mandó preso a Pisagua y luego relegado a Mulchén. La vida lo traería de vuelta a Iquique a fines de los setenta. Trabajó como dirigente deportivo, primero, y como generalísimo de la campaña del No, después. En 1992 ganó su primera elección luego del regreso a la democracia.

Desde que asumió por primera vez la alcaldía, el Choro Soria, se ha enfrentado al gobierno central de turno. Lo que él persigue, dice, es convertir a Iquique en la segunda ciudad de Chile, integrándola a Sudamérica a través de corredores bioceánicos que cruzan el continente de lado a lado, potenciando la Zona Franca y el puerto, desarrollando todavía más el turismo gracias a proyectos como el Sea World y un parque temático estilo Magic Kingdom, construido en las catorce cuadras del histórico paseo Baquedano. De alguna manera, aquello es su propia Disneylandia.

­¿Cómo puede concretar esos proyectos, si usted es alcalde y tiene un campo de acción restringido? Se topará, quiéralo o no, con el gobierno central.

­Vivo topándomelo. Con el único que no he luchado fue con Pinocho, que me sacó, (Soria ríe a carcajadas). "No sé si quien salga tendrá visión para entendernos. Somos colaboradores del Presidente, no somos el enemigo. Hablé con los dos finalistas. Todo lo que tú me has escuchado se lo planteé a ellos".

 

­¿Por qué le pareció mejor Piñera que Bachelet?

­No fue así. El compromiso con ambos candidatos fue que inmediatamente después de la primera vuelta conversaríamos. El día de la elección me llamó Piñera y me planteó que podíamos sellar la idea en una reunión que fue hace unos días en Santiago. Con Michelle hablé el lunes pasado, recién. Ella tuvo muchos problemas, me contó que le gustaba también la idea, pero yo entendí que no me llamara. Quienes le manejan su campaña acá, desde esa primera noche, me insultaron parejo y tupido.

 

­¿A quiénes se refiere?

-A Fulvio Rossi y Antonella Schiaraffia. Me mandaron, en vulgar chileno, a freír monos al Paraguay, si es que hay monos allá. Dijeron que no tenía nada que hablar con ellos. No querían que yo estuviera en la campaña. Lo entendí como un mensaje y eso le dije a Michelle cuando conversamos.

 

­¿Piñera asumió los compromisos?

­Totalmente. Aun más: él cree en un regionalismo que nos adelanta por una nariz.

 

­¿Cómo se entiende que usted, siendo alguna vez hombre de la Concertación, apoye a un candidato de la Alianza?

­Tengo claridad absoluta. No he dejado de ser socialista. El PS nunca vio en mí un candidato que le agrade. Cuando fui alcalde la primera vez no fue por el PS, los radicales votaron por mí. Más tarde, la Concertación me deja abajo en una de las elecciones. Durante catorce años, seguí creyendo. Voté por Aylwin, por Frei, por Lagos. Pero en mi proclamación de Lagos dije que si no daban poder a las regiones y hacían los cambios que requieren los más pobres y la clase media, me iría.

Los cambios no se hicieron, yo he vivido en pelea constante con el señor Lagos. ¡Qué puedo hacer ya! Yo pensaba que Michelle podía entenderme, pero su conglomerado no quiere hacer cambios en Chile. Me la jugué y conversé con Michelle mucho, diciéndole que yo dudaba que se pudieran hacer los cambios, pero ella me dijo que sí. Bueno, dije, firmémoslo, el día después de los resultados. Michelle no llegó. Ahora firmo con Sebastián.

 
 
 
Opciones
Volver a la portada Volver a la portada
Enviar este artículo Enviar este artículo
Imprimir sólo texto Imprimir sólo texto