Usted está en : Portada : Opinión Sábado 2 de septiembre de 2006

Autoconfianza

Horst Bussenius C., Director Psicología Unap

La autoconfianza es el convencimiento íntimo de que uno es capaz de realizar con éxito una determinada tarea o misión, o bien elegir la mejor alternativa cuando se presenta un problema, es decir tomar la mejor decisión. Es confiar en que en general uno va a salir airoso de una situación, por difícil que parezca. Desde luego, esto se refiere a situaciones que caen dentro de la normalidad, y no a situaciones excepcionales en las cuales no se tiene ningún manejo, lo cual sería en realidad imprudencia o temeridad.

La autoconfianza comienza se desarrollarse ya desde la niñez, pero es un rasgo que siempre se puede desarrollar o bien superar si la persona pone empeño. Lo opuesto, la falta de confianza en sí mismo, es una debilidad que le impide a la persona tomar decisiones o enfrentar situaciones que sin embargo otros juzgan que podría enfrentar con éxito; y esto es importante, porque se trata de hacer algo para lo cual esa persona está preparada según el juicio de los demás, pero por su inseguridad no se atreve.

La autoconfianza tiene varias dimensiones o aspectos que deben considerarse. En primer lugar y parte importante de ella es la capacidad de actuar con independencia del juicio de los demás, es decir tener fe en que aunque los demás no estén de acuerdo o incluso se opongan, seguir adelante con el proyecto elegido. Naturalmente, estamos hablando de situaciones razonables, y no temeridad o imprudencia como señalamos más arriba.

En consonancia con lo anterior, la persona segura es capaz de expresar sus puntos de vista y opiniones, aún en ambientes adversos. Confía en que lo que dice es por lo menos tan valioso como los puntos de vista de los demás. Frente a entornos complejos por ejemplo, es capaz de aventurar su propio juicio, pero acepta también que puede haber otros puntos de vista valiosos o que complementan lo que está expresando.

En la persona segura de sí misma existe también una sensación interna de que él como persona es valioso, y que posee capacidades y habilidades en un nivel más o menos similar a los demás. En este aspecto posee una autoestima sólida, y que no está condicionada por los demás. Esto también se traduce en que no anda buscando a cada rato aprobación de los demás. El inseguro en cambio, tiene una autoestima externa.

Las características anteriores le permiten a la persona segura cuestionar el entorno, no de una manera oposicionista, ni para atraer la atención, sino para plantear con honestidad sus propios puntos de vista, que pueden ser un aporte.

Todo lo anterior se traduce en que la persona segura de sí misma es capaz de tomar desafíos y asumir riesgos, de jugársela por lo que cree o lo que siente justo. Así, sus posibilidades de vivir nuevas experiencias se ven acrecentadas, permitiéndolo un mayor crecimiento personal, y muchas veces también un nuevo reaseguramiento de su forma de conducirse. En otras palabras, le refuerza sus sentimientos de seguridad personal y autoconfianza.

 
 
 
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