Invite I Región

01/09/2002

El drama indígena tras la Conquista

Detalle de la casa de don Juan Mamani Zárate, patriarca de Chapisca, en el valle de Lluta.

El desastre de la Conquista es algo que llega mucho más allá de la brutal opresión y del "empleo de la violencia en el ejercicio de la verdad", por lo que pidió perdón el Papa Juan Pablo II. Los pueblos no siempre sucumben ante la violencia, como lo demostraron con creces los araucanos, sino que se desintegran cuando se destruye su espacio social, económico, ético y religioso.

Sin duda, uno de los factores importantes que ayudan a explicar cómo pudo derrumbarse el orden de ese experimento socio-económico que fue el Mundo Andino, sin parangón en la historia occidental, es la cruel y abusiva gestión para catequizar a los "salvajes". Lo que es un "creo que" es que aquello, deliberada o casualmente, debió haber servido como una eficiente maniobra distractiva mientras se despojaba al Mundo Andino de sus riquezas minerales y del tesoro en ofrendas acumuladas en las wakas (lugares sagrados), templos y tumbas.

Otros factores que contribuyen a destruir la peculiar organización socioeconómica ancestral son las enfermedades que trajeron los españoles, el arriendo de indios para trabajar como bestias de carga y la introducción de la necesidad de ganar dinero, precisamente en una sociedad que no conocía el dinero ni podía resistir a la moral occidental basada en los intentos de enriquecimiento personal a costa de otros, pues dependía del equilibrio honesto entre sus componentes.

Por otra parte, se introduce casi a la fuerza un tremendo cambio en cuanto a la utilización de la tierra.

 

INFLUENCIA HISPANA

 

Cuando llegan los españoles se introducen elementos mercantiles altamente perturbadores en este mundo basado en comunidades (ayllus) solidarias y complementarias, cuyas etnias, el núcleo socio-económico de mayor nivel, explotaban armónicamente múltiples pisos ecológicos. La mita (aporte de una fracción de la población de la encomienda como obra de mano para la actividad minera principalmente), la aparición de los trajineros (caravaneros especializados para servir a la misma actividad) y la fuerte tributación en dinero o especies designadas por el encomendero, modificó dramáticamente la gestión productiva del indígena.

Por una parte, los españoles se apropiaron de los valles para explotarlos con mano de obra africana y peones andinos. En los valles precordilleranos se prioriza la ganadería (olvídense de los auquénidos) y el cultivo de alfalfa, a la vez que la mano de obra necesaria para la explotación de las minas y plantaciones se extrae de las faenas de las cuales dependía la autosuficiencia del grupo social autóctono.

Así, el ayllu o núcleo comunitario, pierde importancia y se prioriza el interés familiar y luego el individual, por la necesidad de obtener recursos adicionales para el tributo. Se minimiza así el tamaño y la autosuficiencia del núcleo social. Desmembrado el núcleo étnico y los ayllus, las familias se especializan pasando a ser proveedoras de un producto único comercializable.

 

LOS TRIBUTOS

 

Inicialmente, los encomenderos -conquistadores que recibían el derecho a explotar unidades sociales indígenas secundarias de un determinado espacio territorial (al margen de la relación de éstos con su "capital" altiplánica) con la obligación de evangelizarlos- obtenían su tributo de la producción de éstos, pero de a poco se empezó a exigir dinero, concepto que no calzaba con el estilo de vida de los andinos. Esto los obligó a emplearse como peones, caravaneros o en otras faenas y/o a modificar su producción para destinarla a la venta en vez del sustento de su unidad social.

A partir del siglo XIX, se perturba aún más el orden andino cuando los tributos dejan de ser responsabilidad del núcleo social y pasan a ser una responsabilidad individual. Para dimensionar este cambio, recuérdese que la base social de los andinos era la gestión colectiva de la comunidad. Las nuevas reglas desmiembran a la comunidad y obligan a los indígenas a concentrar sus esfuerzos en forma más egoísta, privilegiando los intereses de la familia.

Los tributos propios de los indígenas fueron eliminados sólo en 1854 por el mariscal Ramón Castilla, cuando Perú obtenía importantes ingresos por la explotación del guano de aves. Desde entonces, empezaron a tributar como cualquier agricultor de cualquier origen racial, lo que limitó aún más el concepto de familia.

 

ENCOMIENDAS

 

Muy poco después de que los españoles se hubieran asentado en el Cusco, se empezaron a agotar los tesoros de oro y plata disponibles, por lo que el afán de enriquecimiento de éstos se enfocó hacia la principal riqueza del Mundo Andino: su fuerza laboral. Aunque pensaba implementar algún día un repartimiento general del botín territorial, Francisco Pizarro inició el sistema de las encomiendas.

En nuestra zona, la primera encomienda se formalizó en 1539, entregándole a su primo de 24 años, Pedro Pizarro "en el pueblo de Tácana el cacique Istaca... con el principal Quelopana y otro que se llama Quea" y otros grupos locales. Poco después redujo esa encomienda para entregar los indios de Ilo a Hernando de Torres, los de Arica a Lucas Martínez Vegazo y los de Tarapacá e Ilabaya a Juan de San Juan, todos ellos parte de los 46 españoles que tomaron parte de la fundación de Arequipa (Villa Hermosa) en 1540.

Los indios encomendados debían al encomendero un tributo en productos, dinero o servicios. El sistema no pretendía ser permanente y al año siguiente a la muerte de Francisco Pizarro en manos de "los de Chile" (almagristas), en 1542 Carlos V prohibió con sus Nuevas Leyes la otorgación de nuevas encomiendas y ordenó el término las existentes a la muerte del encomendero. Esto enfureció a aquellos y se rebelaron con el liderazgo de Gonzalo Pizarro, llevando finalmente a la guerra civil.

 

Dr. Renato Aguirre Bianchi

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