29/03/2004

"Un sicópata es arrogante, superficial, mentiroso y embaucador".

José Sanmartín: "estos asesinos seleccionan sus víctimas habitualmente entre lo que los expertos llamamos los menos muertos, es decir, personas muy vulnerables".

 

José Sanmartín es uno de los investigadores que más sabe en el mundo sobre la violencia humana. Es doctor y catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Valencia, además de director del prestigioso Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia en España.

 

Autor de varias obras, entre las que figuran "Violencia contra niños" (1999), "La Violencia y sus claves" y "Violencia y psicopatía" (2000), "La mente de los violentos" (2002), "Manual sobre la violencia" y "El laberinto de la violencia" (2004), sabe muy bien cómo operan, piensan y actúan los sicópatas y homicidas. Dicha visión la ha logrado después de años de estudios e investigaciones, tanto de casos clínicos como históricos.

 

Desde España, gentilmente cedió parte de su tiempo y accedió a una entrevista para conocer su opinión sobre los lamentables hechos que enlutaron a Alto Hospicio y donde el protagonista es el sicópata Julio Pérez Silva.

 

- ¿Qué es un sicópata?

 

- Un sicópata es un individuo que padece un profundo trastorno de la personalidad, pero no de la mente. Sabe distinguir perfectamente entre el bien y el mal. Su problema es que le gusta hacer el mal.

 

- ¿Qué facultades tiene alteradas un sicópata?

 

- Tiene graves problemas, al menos, en dos vertientes. Por una parte, en sus relaciones con los demás es arrogante, superficial, mentiroso y embaucador. En particular, hace de la mentira la clave de su existencia y, a la vez, se siente superior a los demás, aunque no reconocido en sus méritos. Por otra parte, en sus relaciones afectivas muestra una radical carencia de empatía, es decir, es absolutamente incapaz de ponerse en el lugar del otro. No siente lo que el otro siente. De ahí que disfrute torturando a su víctima hasta el extremo de lo indecidible sin manifestar emoción alguna. Por eso mismo, carece de remordimientos.

 

 

- ¿Todos los sicópatas delinquen?

 

- Todo sicópata tiene una conducta antisocial que lo pone en gran riesgo de delinquir. A veces los sicópatas no incurren en delitos porque ocupan puestos en la sociedad en los que su sadismo encuentra una vía adecuada y no punible para realizarse. Otras veces, delinquen abiertamente y, además, suelen hacerlo desplegando gran violencia.

 

 

ASESINO EN SERIE

 

- ¿Es lo mismo un sicópata que un asesino en serie?

 

- No, no es lo mismo. Ya he dicho lo que es un psicópata. Un asesino en serie, por su parte, es un asesino que mata a tres o más personas, guardando un período de enfriamiento entre uno y otro crimen. Lo que sucede es que entre los asesinos en serie los hay de dos tipos.

 

Unos matan habiendo planificado con todo detalle el antes, el durante y el después del asesinato. Matan, en definitiva, de forma sistemática y metódica. Son los denominados "asesinos en serie organizados". Otros matan sin premeditación, sin haber planificado el asesinato y son los denominados "desorganizados". Pues bien, los primeros, los organizados, suelen ser sicópatas.

 

- ¿Qué lleva a un sicópata a convertirse en un asesino y, en particular, en un asesino en serie?

 

- Personalmente creo que les lleva una combinación letal de biología anómala y factores sociales perversos. Según las investigaciones que llevo realizando en el Centro Reina Sofía (España), estos individuos tienen una amígdala hipoactiva. Recuerde usted que en el interior de nuestro cerebro, más o menos a la altura de nuestras sienes, hay una pequeña estructura llamada amígdala que es el centro neurálgico que controla nuestras emociones. Cuando la amígdala tiene una baja actividad, el individuo en cuestión no tiene emociones o, al menos, no las tiene con la misma intensidad que las personas normales. Por eso mismo, un asesino en serie puede estar devorando a su víctima sin que su pulso sufra la más mínima aceleración, o sin que el sudor perle su rostro, o sin que la respiración se le entrecorte, etcétera.

 

- ¿Sólo ha biología anómala?

 

- No, ni mucho menos. Como le he dicho, en la historia de todo asesino en serie organizado hay multitud de factores sociales que inciden sobre esa biología. La biología suministra la materia prima sobre la que la sociedad incide de manera importantísima.

 

- ¿Puede citar algunos de esos factores?

 

- Sí, por supuesto. Muchos investigadores han puesto el énfasis en la existencia de un trauma infantil. Estoy de acuerdo, pero sólo en parte. Por ejemplo, la influencia de una madre hipercontroladora o de un padre rechazador pueden ser muy importantes. Pero más que el trauma que puedan causar, creo que lo decisivo es el proceso que ese trauma dispara. El niño, por ejemplo entre los 8 y los 12 años, puede a consecuencia de ese trauma refugiarse en sí mismo, aislarse, comenzando a cultivar en su mente una fantasía aberrante. En particular, cuando llegue a la adolescencia, en ese momento decisivo para establecer las relaciones con los demás y, en concreto, las relaciones sexuales, él estará aún más volcado sobre sí mismo y sus fantasías, incorporando a ella fuertes componentes de tipo pornográfico y violento. No se trata de fantasías normales. No fantasea con tener relaciones sexuales con la actriz del momento. No, no es eso, fantasea con tener relaciones sexuales con esa actriz ahorcada y defecando en las medias. A la vez, el joven suele relacionar esas imágenes con placer al masturbarse pensando en ellas.

 

- ¿Hay algo más que fantasías perversas?

 

- Sí, hay más cosas. Pero mire, todos los asesinos en serie que han sido interrogados por investigadores fiables, como mi buen amigo, el ex coronel del FBI, Robert Ressler, creador del concepto de asesino en serie, repito, todos sin excepción, hablan de sus asesinatos como el final de un proceso. Es decir, fueron realizando su fantasía parcialmente hasta que un acontecimiento dado les llevó a realizarla por completo.

 

- ¿De qué acontecimiento se trata?

 

- Pues habitualmente de algo normal, como la pérdida de un empleo o de una amistad, discusiones con los padres, etc. Nada del otro mundo. Lo que pasa es que ellos no afrontan estos problemas como usted y como yo. Nosotros nos volcamos hacia fuera para resolverlos. Ellos vuelcan el problema hacia su interior y tratan de resolverlo en el marco de su fantasía.

 

SIN RECUPERACION

 

- Una vez descubiertos, ¿los sicópatas tienden al suicidio?

 

- Eso podría ser habitual si ellos experimentaran remordimientos. Sin embargo, no los tienen. A veces, incluso, se extrañan del revuelo que causan sus asesinatos y llegan a preguntar a los psiquiatras que los examinan frases como "¿pero, realmente, cree usted que soy un monstruo?" Los hay, además,otras que orgullosos de su currículo sangriento han llegado a sentirse y convertirse en estrellas mediáticas.

 

- ¿Es posible la recuperación de una persona con este tipo de trastorno?

 

- Es muy difícil. Hay quien dice que es, incluso, imposible. Lo bien cierto es que los tratamientos al uso no están resultando demasiado eficaces. Piense usted que nos enfrentamos a individuos con un problema gravísimo que, además de un componente social muy importante, presentan disfunciones biológicas.

 

 

Seleccionan a sus víctimas

 

- ¿Los asesinos en serie organizados, como Ud. los calificaba anteriormente, son descubiertos por errores involuntarios o porque ellos desean dejar pistas para ser capturados?

 

- De todo hay. Hay asesinos en serie organizados que, pese a intentar ponerle las cosas difíciles a la policía, dejan alguna huella o incurren en algún tipo de comportamiento que facilita su detención. Eso es lo habitual. Pero hay asesinos en serie organizados que han llegado incluso a dirigirse a la policía dándoles pistas para su captura. No piense usted que éstos últimos actúan por remordimientos. Todo lo contrario. Suelen autodelatarse porque consideran que la policía es estúpida y, como no lo detienen, no puede presentarse ante la sociedad como el autor real de unos crímenes de los que se siente orgulloso. Reclama la autoría de sus asesinatos, como el pintor lo hace respecto de sus cuadros.

 

- Al respecto, ¿sabía usted que Julio Pérez Silva, el mayor asesino en serie que registra la historia policial chilena, dejó viva a una niña de 13 años indicándole que él era el autor de los crímenes de Alto Hospicio?

 

- Lo supe porque usted me lo dijo. Lo bien cierto es que no se trata de una conducta excepcional. Hace poco, en España, un presunto asesino en serie (que dejaba un naipe junto a la víctima) acabó presentándose en los locales de la policía. Dijo que estaba cansado de comprobar lo estúpidamente que la policía llevaba la investigación de sus asesinatos. Debo decirle, a este respecto, que la investigación no suele ser nada fácil, porque este tipo de asesinos suelen matar un tipo determinado de víctima, pero siempre que le resulte sencillo hacerlo y no incurra en riesgos.

 

- ¿Quizá por eso Julio Pérez Silva asesinaba niñas de familias que vivían en la extrema pobreza?

 

- No dude que así es. Estos asesinos seleccionan sus víctimas habitualmente entre lo que los expertos llamamos "los menos muertos", que son personas muy vulnerables y que tardan un cierto tiempo en ser echadas de menos o que, dadas sus condiciones de existencia, es fácil suponer que pueden haberse decidido a cambiar de vida.

 

- ¿Qué pudo haber buscado este asesino al matar y violar a niñas?

 

- Como le he dicho antes, seguro que trataba de poner en práctica alguna fantasía aberrante de la que formaría parte un componente sexual desviado: la pedofilia unida al asesinato. No olvide usted que, en general, estos asesinos son lujuriosos y buscan placer sexual, pero es un placer sexual anormal, que sólo se logra torturando y matando. En ocasiones, eyaculan sin penetrar, sólo con apretar el cuello de la víctima.

 

Narciso Donoso

ndonoso@estrellaiquique.cl

 


La Estrella de Iquique
Fundado el 1 de Diciembre de 1966
Luis Uribe 452, Iquique, Chile
Teléfonos: (56 57) 399311 - 399313