Año XXXVII - Nro. 12.620 - Martes 29 de Junio de 2004

Un sabor iquiqueño para el mundo

Doce mil chumbeques diarios produce la fábrica en Iquique.

Lo que comenzó como un pequeño negocio familiar que sólo abastecía a algunos almacenes del Iquique antiguo, ahora es una próspera fábrica que paulatinamente ha expandido su rango de acción, primero en la Región de Tarapacá, luego al Norte Grande y ahora hasta el Area Metropolitana.

 

El Chumbeque llega a puntos tan distantes entre sí como los supermercados Rossi y un local en la estación Los Leones del Metro de Santiago.

 

Para Arturo Mejía Koo, dueño de la fábrica de Chumbeque M-Koo, la expansión de este dulce tradicional de la Tierra de Campeones no ha sido un logro de un día para otro, sino un trabajo constante de cubrir nuevos mercados, preocuparse de mantener a la clientela contenta y estar dispuesto a innovar en sabores y nuevas técnicas para comercializar su producto.

 

Por ejemplo ya se ocupó de sacar el registro de propiedad de la marca M-Koo, la figura del chinito e incluso el sello de calidad que viene en cada paquete de chumbeque. El está conciente que tiene en sus manos un producto que tiene grandes proyecciones a futuro. El problema está en que los bancos no le dan el apoyo necesario para expandir su negocio a Santiago. Ahora sólo llega a algunos puntos específicos, pero él desea llegar a cada rincón de la metrópoli con este dulce de harina, miel y limón de Pica.

 

 

SOCIO

 

 

Afirma que necesita un socio capitalista que entregue los recursos e instalar una fábrica en Santiago. El principal obstáculo para expandir el Chumbeque está en los costos. El flete para el centro del país sube el precio final del producto. Además los insumos salen más baratos al comprarlo en la capital que hacerlo acá.

 

También sostiene que hay interesado, de grandes fábricas de prestigio internacional a empresarios destacados a nivel nacional. Sin embargo, las negociaciones no han llegado a buen término porque en muchos casos, los inversionistas quieren la receta y que desaparezca la marca M-Koo o la frase que indica que el chumbeque es un dulce tradicional iquiqueño. Esos dos temas no se transan.

 

Por mientras, su negocio sigue creciendo de acuerdo a los propios recursos que posee la familia Koo. Actualmente producen 12.000 chumbeques diarios en las dos fábricas que poseen en Iquique, la tradicional ubicada en Ramírez con Latorre, y otra que está ubicada en Tamarugal y Playa Blanca. También poseen otro local de venta en avenida La Tirana.

 

De esta manera surten a los principales supermercados de la Primera y Segunda Región, almacenes de barrios y todos los quioscos que existen en los colegios de la ciudad. En Santiago tienen varios puntos de ventas. Comenzaron a surtir en forma periódica la capital desde el 15 de diciembre del año pasado. Incluso están enviando en forma eventual chumbeques a Punta Arenas.

 

 

VARIACIONES

 

 

De la misma manera como piensa en extender el negocio, también se preocupa de sacar variantes del mismo. Al chumbeque tradicional de miel y limón de Pica se suman otros sabores maracuyá, papaya, naranja, guayaba. Incluso afirma tener un chumbeque light con sabor a pomelo. También está el de manjar que tiene buena recepción en Santiago. En tanto que la novedad de este año está en el chumbeque de kiwi, que mantiene el sabor y las características que tiene el dulce iquiqueño y que es mejorado con un "toque tropical".

 

Mejía asegura que el producto posee 376 calorías, cuatro veces más que una empanada. "Un chumbeque junto a un vaso de leche es suficiente para mantener en pie a un niño por seis horas". Según él esta es la clave para masificar el producto a nivel nacional. A diferencia de otros dulces y repostería común, el chumbeque tiene un periodo largo de duración. "Un berlín al segundo día está latigudo y al tercero ya no se puede comer. Un chumbeque puede estar por meses guardado y cuando al fin se consume no pierde su sabor".

 

Duración, sabor y aporte de energía son, a juicio de él, las fortalezas del chumbeque. Sin embargo eso no es todo. Mejía sabe que la clientela de Santiago es diferente y requiere de un formato distinto. Es por eso que agrandó el tamaño del chumbeque. Es más rectangular y más delgado. Lo vende por unidades y tiene una presentación más cuidada y sencilla, especial para consumirlo en la calle y sin quedar con las manos con restos de la miel.

 

 

RECETA

 

 

La clave está en la receta que tiene y que guarda celosamente. A pesar que existen otras personas que hacen chumbeque, el sabor y la consistencia no es igual. "La gente se da cuenta por el sabor y por la forma en que está presentado el producto".

 

Asegura que la marca Koo es conocida y que demuestra calidad. "Es por eso que tiene el sello de garantía".

 

El trabajo de Mejía es el fruto de una larga historia familiar que data de principios del siglo XX cuando su abuelo llegó a Iquique proveniente de Cantón. Su nombre era Kaupolín Koo Kau. En 1920 llegó a Chile y al ingresar fue rebautizado por Ernesto Koo Flores. Con ese nuevo nombre y con algunos conocimientos de homeopatía y curación oriental, se autodenominó médico y comenzó a atender a los trabajadores de las salitreras. Su centro de operación fue Pozo Almonte. Fue en esta localidad que conoció a su esposa Petronila Bustillo Sandoval, quien tenia como oficio hacer dulces a pedido. La historia familiar cuenta que el matrimonio tuvo una idea, mezcló una antigua receta de Cantón para hacer alfajores con los productos que había en Tarapacá. Luego de varios intentos surgió el chumbeque, "una mezcla de alfajor chino con queque chileno".

 

Durante varios años continuaron haciendo este dulce a pequeña escala. Fue en 1952 cuando Ernestina Koo Bustillo, hija del matrimonio, instaló un almacén de abarrotes en Iquique. Su fama creció y comenzaron a repartir a otros locales de la ciudad. El negoció pasó a manos de Jorge y Gilberto Koo, quienes mantuvieron la tradición. Fue a mediados de los años 70 cuando Arturo Mejía aparece en esta historia. Como sobrino de Jorge y Gilberto mantuvo una estrecha relación con ellos. En 1978 la situación económica de Arturo Mejía se complicó por la enfermedad de su padre y la falta de trabajo. Llegó donde sus tíos y pidió ser vendedor de chumbeques. El los repartía a algunos locales de la ciudad. La producción en vez de crecer, disminuyó. Hasta que Mejía decidió comenzar a fabricarlos él mismo con la ayuda de un panadero. Al principio hicieron 500 con un sólo horno. Los vendió todos y la demanda creció. Luego fueron 1.000 a la semana y los pedidos seguían aumentando. "Entonces pensé que la clave era comprar maquinaria". De a poco el negoció creció y comenzaron las ideas de tener una fábrica propia. Hoy esas ideas están materializadas en el negocio M-koo que está en Latorre con Ramírez. Es conocido como el chino y aún tiene varios proyectos en menos. "Sólo me falta el socio capitalista", sostiene.

 

 

Percy Avendaño G.

pcavendano@gmail.com


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