Usted está en : Portada : Opinión Viernes 13 de enero de 2006

Aprendizaje por impronta

Horst Bussenius C., Director Psicología Unap

Se conocen varios tipos de aprendizaje. Los más conocidos son el condicionamiento clásico y el condicionamiento operante. Ambos tienen en común que requieren la capacidad de asociación. En el primero, el ejemplo más sencillo podría ser cuando sacamos al perro. Antes de salir a pasear, escucha el sonido del llavero, y termina asociando este sonido con el hecho de salir a pasear. Es decir, aprendió. El segundo caso es cuando después de emitir una conducta, se recibe un premio. Ejemplo muy simple: el niño cuelga el uniforme y la mamá le da un premio. El niño asocia que por colgar el uniforme recibe un premio, y si esta asociación se repite, el niño aprende.

Pero además de estos tipos de aprendizaje, existe uno particularmente interesante, y que es el aprendizaje por impronta. Una impronta es una marca o señal muy firme que deja una cosa en otra.

El aprendizaje por impronta es muy especial, porque se adquiere "a la primera", y porque prácticamente nunca más se borra. Descubierto por Konrad Lorenz, el ejemplo más conocido es la conducta de algunas aves recién nacidas, como los gansos. En condiciones naturales, lo primero que ven los gansos al romper el huevo es a su madre. Y como pueden ya caminar y además tienen el instinto de seguir a su madre, comienzan de inmediato a seguirla a todas partes.

Pero, ¿qué pasa si se reemplaza a la mamá gansa por otra cosa? Pues bien, los polluelos de ganso siguen a esa nueva forma, cualquiera que sea. Lorenz escondió a la mamá gansa, y se puso él mismo al lado de los huevos que se abrían.

Por increíble que parezca, los gansos comenzaron a seguirlo a él. Para estos gansos, el científico era la mamá. Para los recién nacidos gansos, y para siempre, su mamá fue Konrad. Y por increíble que parezca, si a los gansos se les pone un objeto, como una pelota al nacer, tomarán a esa pelota por la mamá.

Pero lo dramático de este aprendizaje es que queda tan grabado en la mente, que nunca más se borra. En el caso de los gansos, quedaron improntados con la figura que reemplazó a la mamá, y nunca más volverán a seguirla, aunque se les traiga de nuevo y se les ponga delante. Este aprendizaje es muy útil en la naturaleza, porque le garantiza al ganso su supervivencia, ya que la madre lo protegerá de cualquier agresión.

Hay muchos casos de impronta y se siguen descubriendo otros. Si a un ave le venda la vista, y no puede comer durante las primeras horas, se morirá de hambre, porque la coordinación entre el ojo y el pico debe establecerse las primeras horas después de haber nacido. No hay vuelta atrás, porque no recibieron la impronta cuando debían. En los animales superiores al parecer también estaría operando este aprendizaje, aunque es mucho más sutil.

Un ejemplo estudiado es la socialización de los perros, que ocurre entre los veinte y sesenta días. Si en esa etapa no tienen relación con humanos, serán siempre salvajes.

Un caso de impronta en el ser humano podría ser la personalidad psicópata, pues según una teoría se trata de niños que no recibieron el amor necesario en la primera etapa de su vida. Después de eso, aunque reciban muchísimo amor, ya no se podrá revertir la conducta psicopática, y ese niño jamás desarrollará capacidad de amor ni empatía.

Otro tanto parece ocurrir con conductas humanas tan obvias como el caminar y el hablar, que si no se desarrollan en el momento propicio jamás se instaurarán con normalidad.

El aprendizaje por impronta está todavía en estudio, y es probable que se vayan conociendo nuevos casos de este tipo.

 
 
 
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